Reflexión sobre el “Big Data” y su repercusión en la cultura artística.

Hasta hace unas décadas, antes de lo que conocemos como Web 2.0, la mayoría de los datos producidos en el mundo eran resultado de procesos científicos, industriales, administrativos…y el ordenador era un medio para reproducir los conocimientos de los que ya disponíamos. Básicamente es lo que entenderíamos como unas “humanidades digitalizadas” cuyo acceso, reproducción, análisis… seria más sencillo para nosotros. Pero la explosión de las tecnologías móviles y la popularización de los servicios sociales de la Web 2.0 han hecho que esto haya cambiado de forma radical: hoy en día uno de los principales agentes productores (si no el que más) son los propios ciudadanos a través de facebook, twitter, youtube… El Big Data, el medio que está revolucionando
este siglo, consiste en un conjunto de tecnologías computacionales que ha cambiado el modo en el que accedemos a la realidad. Como ya hemos dicho, las redes sociales, webs, blogs… son un laboratorio para producir cultura, es una “cultura conectada”, por lo que las humanidades digitales analizan la producción de estos nuevos conocimientos y datos.

Encontramos espacios virtuales donde almacenar y compartir conocimiento, son archivos digitales, de acceso libre y construidos de manera colectiva que muestra una cultura que siempre se encuentra en proceso creativo. En la actualidad, ejemplos de esta capacidad para producir, compartir y crear contenidos son los proyectos Perseus o Pelagios.

Esta producción de nuevos datos, procedentes no solo de la cultura digitalizada sino de nuestras huellas digitales, han sido analizados para ser empleados por negocios, científicos, etc. Y como consecuencia también puede aplicarse a la cultura. Con la aparición del Big Data, algunos de los interrogantes que nos planteamos son diferentes a las que hasta este momento nos habíamos formulado y vienen condicionadas por lo digital, que es el punto de partida para establecer nuevas hipótesis interpretativas. Algunas de estas cuestiones son: ¿Cómo se obtienen los datos?¿En qué basamos los parámetros y, por lo tanto, que dejamos fuera de representación de la realidad?, ¿Que significan estos cambios para la ética, la economía, la sociedad?,¿Ofrecen los grandes datos respuestas a las grandes preguntas?…Y nosotros, como humanistas, debemos responder a los retos que nos plantea la sociedad contemporánea con este nuevo horizonte del conocimiento.

Para comenzar, y pese a la complejidad y la falta de entendimiento en su definición, tanto Kitchin como Floridi consideran el “Big Data” como un conjunto de datos voluminoso, veloz y variado. Esto hace que ambos autores planteen la necesidad de crear una tecnología capaz de responder de manera eficaz a estas tres características. Es decir, en cuanto a la “sobrecarga” de datos se plantea una problemática y es; ¿Cómo usarlos?, ¿Cómo hacer para que se creen patrones pequeños que sean verdaderos, correctos y que puedan ser empleados? Es necesario crear una tecnología capaz de hacer frente a la abundancia, desorden y variedad de datos de los que disponemos y que, finalmente, pueda ser manejable para nosotros.

Por otro lado, en sus textos ambos se manifiestan las dos tendencias o planteamientos que existen en torno al “Big Data”, una primera tendencia que apuesta por su conocimiento objetivo y absoluto, y vendría representado por Kitchin, que se muestra más pragmático y lo que se plantea, entre otras cosas, es hasta qué punto son eficaces los grandes datos por sí mismos, sin el estudio y la visión del hombre. Y una tendencia que presenta una visión más filosófica del Big Data y estaría representado por Floridi, el cual considera que es necesario crear un marco teórico que nos dirige hacia su reflexión (para que sirve, con qué fin…) y darle un marco humanístico para que no sea algo meramente computacional. Es una tendencia basada en el pensamiento crítico que pretende repensar como se construye el conocimiento del Big Data.

Uno de los conflictos epistemológicos a los que nos enfrentamos cuando abordamos el tema de los grandes datos es: El Big Data es una representación directa de la realidad, pero ¿hasta qué punto esta es una representación objetiva? Hasta ahora los únicos que podíamos generar datos éramos nosotros que le damos un criterio humanístico, pues no los tratamos únicamente, sino que los modelamos, por lo que el material generado no es neutro, viene determinado por quien lo genera. Esto cambia cuando se emplean algoritmos que generan unos datos limpios, libres y objetivos. Sin embargo, según Kitchin los algoritmos son muy limitados al captar el significado o el contexto, por lo que nosotros debemos ver la naturaleza inscrita en los datos. En este sentido el texto de “Big Data, small data” considera que la creciente tendencia hacia la investigación y uso de los grandes datos deja fuera, detalles que solo se obtienen con una lectura cuidada de los textos, generando un tipo de conocimiento enfocado e hiperespecializado.

Otro de los problemas a la hora de aplicar el análisis de datos en las humanidades, y en este caso en la cultura artística, es que elementos como la pincelada, el color, la calidad del artista…no son mensurables computacionalmente, pues dependen de su propio significado en un contexto. En este sentido encontramos detractores del empleo del Big Data en las humanidades pues se consideran que las lecturas que hacen las maquinas son lecturas distantes. Los productos culturales no pueden ser tratados como meros datos. Abordando esta cuestión Kitchin afirma que el uso de los Big Data puede llegar a ser muy positivo si se plantea como un complemento para formular nuevas preguntas.
Algo muy similar plantea Franco Moretti que afirma que es posible usar lo digital en el campo de las humanidades no como representación sino como medio para generar nuevo conocimiento.

Por otro lado, como vemos en el texto “Big data, small data and meaning”, aunque los análisis de Big Data permiten tanto la lectura a distancia (en su globalidad) como en su profundidad (en lo más mínimo y cercano) tiende a favorecer la producción de datos a gran escala en cooperación con distintas disciplinas, con lo que se pierde el sentido tradicional de las humanidades. En este sentido el blogs “Historyonics” se manifiesta tajantemente: [… para acercar el Big Data a las humanidades es necesario dejar de lado el afán actual por los datos globales y genéricos. Se debe abarcar también los pequeños datos, los detalles]. Hay que combinar los dos obligatoriamente pues te permite trabajar
a distintas escalas ya que el algoritmo no interpreta el detalle. En este punto nos vendrá bien recordar a Martin Daco que hacía referencia a que usar los algoritmos para crear y obtener datos generales y patrones era adecuado, son datos escépticos y objetivos pero se debe ir más allá… se debe ver lo humano que estos datos están generando.

Y, por último, también debemos que aludir a los problemas éticos que se plantean con el uso de los datos. Un ejemplo de uso poco ortodoxo de los datos en el ámbito de las humanidades sería usar los datos de manera individual y exclusiva o generar datos con dinero público y no ponerlo en uso abierto. Otro de los problemas éticos más comunes es crear desigualdades, por ejemplo; cuando se conoce mucha información por parte de los países más desarrollados. Sin embargo, la dimensión ética en el campo de las humanidades tiene más que ver con la “responsabilidad”, y es que las plataformas sociales de internet contienen un perfil detallado de nuestras preferencias y nos convierten en un producto, usan los datos que generamos con un fin de comercial, económico… lo que puede llegar a provocar un uso fraudulento de datos. En cultura la producción de datos que manifiesten el comportamiento de los consumidores culturales podrían proporcionar poderosos argumentos para la asignación de fondos públicos por ejemplo. Pero esto ya descansa en la base de ver la cultura como inversión.

En este sentido, y como conclusión, Guillermo Solana (director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza) durante las Jornadas CSHDSUR hizo alusión al uso del Big Data en los museos: […En la actualidad no poseemos ni medios, ni staff para poder llevar a cabo planteamientos como el Big Data… nuestro marketing es más intuitivo y salvaje].

Sin título

Enlaces:

http://link.springer.com/article/10.1007/s13347-012-0093-4/fulltext.html

http://bds.sagepub.com/content/1/1/2053951714528481.full

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