“Hecuba o La pesadilla”, Henry Fuseli, 1781.

¿Te has despertado alguna vez durante la noche y has descubierto con horror que eres incapaz de moverte a excepción de los ojos y de pronunciar palabra alguna?

Este angustioso episodio nocturno que acabo de describir es un trastorno del sueño bastante habitual, conocido como “parálisis del sueño“,  y puede ser el origen de antiguas tradiciones en las que aparecen brujas y demonios.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de los relatos populares sobre la “Old Hag”(Vieja Bruja), un espíritu nocturno del folclore anglosajón y germano que se sienta sobre el pecho de sus víctimas y les provoca terribles pesadillas, impidiéndoles moverse y respirar.
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                         Le Cauchemar (La Pesadilla), según Eugène Thivier (1894).
Esta aterradora historia fue seguramente el motivo de inspiración del pintor prerromántico John Henry Fuseli a la hora de realizar su obra “La Pesadilla”. Su obra más conocida en la que tomó como referente El Sueño de Hécuba de Giulio Romano. En la obra vemos una mujer dormida poseída por un incubo, demonio que se presenta en sueños de tipo erótico, apareciendo en segundo plano la cabeza de un caballo de aire fantasmal que contempla la escena.
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                                        El sueño de Hécuba,  Giulio Romano, s.XV-XVI.
La fisonomía de la mujer pintada corresponde a Anna Landoldt, sobrina de su amigo Johann Caspar Lavater, por la que el pintor sentía una gran pasión.  Según algunos autores “La pesadilla” tendría su origen en la no correspondida pasión del artista por dicha  joven suiza. Se trata de una figura hermosa pero fría, tocada con un elaborado peinado y con un extraño detalle: la mano izquierda inacabada recuerda más a una garra que a una extremidad humana: ¿rencor, desesperación, deseo?. La figura femenina está entregada a un profundo sueño, al que ha ido abandonando su cuerpo en una clara postura de recepción sexual. Aparece como oprimida, poseída por el extraño ser, identificado con un incubo, que está sentado sobre su pecho. Al fondo surge de entre los cortinajes la cabeza de un caballo cuyas enormes órbitas dilatadas reflejan su estado de excitación. Si el diablo está relacionado con el instinto, el deseo y la perversión, el caballo es, asimismo, un símbolo sexual masculino, asociado frecuentemente con el demonio, las pesadillas y el sexo.
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                                                     La pesadilla, Henri Fuseli, 1781.
Fuseli li recrea en esta obra un mundo nocturno y teatral, con fuertes contrastes lumínicos, que inspirará toda la imaginería satánica del siglo XIX. Su título en alemán, Nachtmahr, era el nombre del caballo de Mefistófeles.
FuseliNightmareDetroitA Web                                                    La pesadilla, Henri Fuseli, 1781. Detalle.
En conclusión, este cuadro es una síntesis del mundo fantástico, erótico, perverso y, en fin, “sublime”, de Fuseli, aunando sus temas preferidos: satanismo, horror, miedo, soledad, erotismo.
A continuación adjunto un vídeo con un breve recorrido temático de su obra: